Cuando una relación se rompe, ¿quién eres tú ahora?

Publicado el 8 de enero de 2026, 13:12

En las últimas semanas estoy acompañando muchos procesos de ruptura en las sesiones de acompañamiento emocional. No sé si tiene que ver con el inicio de año, con los balances silenciosos que se hacen por dentro o con algo más colectivo, pero hay una sensación que se repite con fuerza: personas que saben perfectamente lo que “habría que hacer”, pero no pueden hacerlo.

A veces quien llega es la persona a la que han dejado. Otras, quien ya no siente que pueda seguir en la relación y se enfrenta a la dificultad —y la culpa— de tomar una decisión. Las posiciones son distintas, pero el impacto profundo suele ser el mismo: algo interno se desarma.

Porque una ruptura no es solo el final de un vínculo.
Es la pérdida de una forma de mirarte, de organizar tu vida, de entender quién eres en relación a otra persona.

Saber qué hacer no significa poder hacerlo

Vivimos rodeadas de teoría sobre las rupturas.
El contacto cero, el amor propio, el tiempo lo cura todo, “tienes que distraerte”, “ya pasará”.

Y sin embargo, cuando una relación se rompe, todo eso suele quedarse corto.

No porque no sea cierto, sino porque el cuerpo y la identidad no funcionan al ritmo de las ideas. Podemos saber que algo no nos hace bien y aun así desear volver. Podemos tener claro que una relación terminó y sentir, al mismo tiempo, un vacío difícil de nombrar. Nada de eso te invalida.

En una ruptura conviven cosas opuestas: alivio y tristeza, rabia y añoranza, claridad y duda.
Intentar corregir eso demasiado rápido suele añadir más presión y más culpa.

Lo que se rompe no es solo la relación

Desde mi experiencia profesional —y también desde lo vivido— veo que muchas rupturas duelen tanto porque no solo se pierde a la otra persona. Se pierde una versión de una misma.

Se rompe un rol, una narrativa compartida, una idea de futuro.
Y cuando eso desaparece, aparece una pregunta silenciosa y profunda:
¿quién soy yo ahora, sin esto?

Por eso, muchas personas se sienten desorientadas, borrosas, sin dirección clara. No es un fallo. Es un espacio intermedio. Un tiempo en el que todavía no hay un nuevo proyecto interno, pero el anterior ya no sostiene.

Atravesar sin abandonarte

Acompañar una ruptura no consiste en hacerlo bien ni en avanzar rápido. Consiste, muchas veces, en no dejarte atrás mientras todo se mueve.

En permitirte no entenderlo todo ahora.
En sentir sin corregirte.
En no convertir el dolor en culpa.
En despedir, poco a poco, lo que también se va contigo.

Por eso he creado una mini-guía sencilla para estos momentos. No para olvidar rápido ni para llegar a ningún sitio concreto, sino para atravesar este proceso con más amabilidad y presencia.


🔽 Descargar la mini-guía gratuita

Cuando una relación se rompe: no estás rot@, estás atravesando algo humano

 


Crea tu propia página web con Webador